El otro día estuvo linda la charla con Camila. Gran sorpresa de su hija cuando vio a ambos padres juntos. Allí no es tan estricto el protocolo. Pueden deambular libremente por los espacios abiertos. Está aprovechando para avanzar en la escritura de su nuevo paper. Shirley se mudó hace unos días a su departamento, la alegra que se acompañen. Hacen linda pareja. Se dirige a la cocina a prepararse un café. Su sangre ya debe ser negra. Suena el teléfono de línea. Claudia le dice Maxi y a ella la sorprende escuchar la voz de su yerno necesito pedirte algo, pero quiero que me contestes con total sinceridad; Candela amaneció con un poco de fiebre y desde ese momento no la dejo acercarse a Uma; ¿te puedo llevar a la nena?; ya sé que es un riesgo para vos, tendrías que usar barbijo para atenderla, por las dudas; seguramente no es nada. Ella se queda evaluando la situación. No es su propia salud lo que la aflige sino la de Candela. Seguramente demasiado piensa porque Maxi continúa no te preocupes, le voy a pedir a Zoe, por una vez en la vida que se haga cargo de su hermana. No me la traigas dice ella yo la voy a buscar, en media hora estoy por ahí. Se saca las calzas y las pantuflas y se pone un jean y zapatillas. Busca las llaves del coche. No las encuentra. Ah, la otra noche, por sugerencia de Sebastián, salió a poner el auto en marcha para no quedarse sin batería. Las dejó en la mesita del living, ahora se acuerda. Sale como una tromba. El pasillo desierto. Sin embargo, percibe como las mirillas se descorren a su paso. Por suerte consiguió un lugar justo enfrente de su casa. Lo puede controlar, ya robaron varios, escuchó en la radio. Cruza Mario Bravo. Pone las llaves. El auto arranca de la primera acelerada. Su corazón bombea. No va a ser nada, se repite como un mantra, durante siglos la gente tuvo fiebre y aún no existía el COVID. Recuerda la vez que Candela lloró toda la noche y ella, cosiendo, no la escuchaba. Casi cuarenta tuvo. Angina. Antibiótico y listo. Seguramente será una angina, comenzó el frío. Decide olvidarse que en las actuales condiciones nadie toma frío, todos refugiados en sus casas. Angina, se repite. Angina, decide. Angina, reza. Angina.
Manuel, barbijo mediante, le entrega a la nena, también con barbijo, y un bolso. Qué suerte, abuela, estaba aburridísima dice Uma y se acerca para abrazarla, pero el padre la frena. Mejor no, hija. ¡Ufa! Ella abre la puerta de atrás y le ajusta a la nena el cinturón de seguridad. Luego gira y pregunta ¿cómo sigue Candela? Le di paracetamol de un gramo y le bajo bastante la temperatura. ¿Qué síntomas tiene? Le duele la garganta. Seguramente es una angina dice ella. Sí, conseguí una teleconsulta para mañana a las nueve. Ella se queda más tranquila, es importante que alguien la vea, aunque sea a través de la pantalla. Llamame cualquier novedad, a la hora que sea pide y se sube al auto esperando que nadie la detenga. Horrible sentirse un delincuente, piensa. Qué linda es la calle, abuela dice Uma la cabeza apoyada en la ventanilla abierta. Vaya si es linda, la libertad.
¡Qué momento! Cuánta incertidumbre
ResponderBorrarPesadilla
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