Mami, no te necesito, pero si tenés ganas de ver a Simón pasá cuando quieras ofrece Fernanda. Ella corta contenta. Extraña al nene y, además, no le gusta estar enojada con sus hijos. El aire no le fluye, es como si le costara respirar. Le llevare pañales, piensa, una medida más grande. Y figuritas para Zoe. Está celosa la mocosa, hace rato que no la ve, va al colegio a la mañana. Se las dejará con una notita. Ya sabe leer. La semana que viene la irá a buscar a la escuela.
Mail de Camila. Mi papá me preguntó si puede venir a la entrega. Aún no le contesté. ¿Te molestaría? La furia la ciega. ¿Qué tiene que ver él con la carrera de Camila? Apaga la computadora con brusquedad. Se dirige al baño. Abre la canilla de la bañadera y pone el tapón. Voy a estallar, piensa.
Gracias dice Elena a la empleada que le entrega el sobre. Sobre que guarda en su cartera. ¿Vamos a tomar algo? propone ella. Caminan bajo el sol de diciembre hablando intrascendencias. Entran en el primer barcito que ven. Cuando el mozo se retira Elena rescata el sobre de su cartera y se lo tiende. ¿Lo abro? pregunta ella desconcertada. Su amiga asiente con la cabeza. A ella el corazón comienza a galoparle. ¿Por qué me toca a mí?, piensa. Abre el sobre y despliega la hoja. Adenocarcinoma de endometrio. No puede seguir leyendo. Entierra los ojos en el mantel. ¿Y? pregunta Elena segundos después. Ella quisiera tirar el papel sobre la mesa, o mejor aún, hacerlo un bollo y salir corriendo. Eso es lo que quisiera, y aunque una parte suya está muy enojada con Elena por someterla a esa prueba, otra, la que solo pertenece a esa amiga que ha sido la columna vertebral de sus días, toma las manos de Elena y lanza el veredicto. Adenocarcinoma de endometrio. Su amiga no emite sonido ni hace un gesto. Se quedan así un largo rato. Hasta que Elena suelta sus manos y pregunta ¿pedimos otro café?
Recién la llamó Elena. La operan el 17. Menos mal que fue eximida de optar entre su hija y su amiga. Se acerca a la computadora para avisarle a Camila, cuando halla un mail de su hija. Finalmente papá no podrá venir. Un suspiro de alivio brota de sus vísceras. Sabe que para su hija es una desilusión, sin embargo, se alegra. Soy egoísta, dictamina. Recuerda, nuevamente, la frase de Ana María. Uno no es responsable de sus emociones, sí de los actos que lleve a cabo impulsado por ellas. Yo no le impedí que lo invitara, se dice intentando absolverse. Lo logra a medias. Solo a medias.
Fin de un año confuso. Intenso y confuso. Mientras hierve el peceto pasa revista a sus meses. Por un lado, el trabajo pujante, la llegada de Simón, los diplomas de Camila y Zoe, la convivencia de Candela, si eso es lo que su hija precisa. Por otro, la enfermedad de Elena, las demandas de Sebastián. La irrupción de la otra familia de Camila no sabe dónde colocarla. Así como la posibilidad de que se vaya a trabajar a Estados Unidos. Estoy abrumada, evalúa mientras pincha la carne con el tenedor. Está dura, todavía le falta. Se deja caer sobre la silla. Retorna la sensación de confusión. Sus hijos la tienen a mal traer. Qué hizo bien, qué mal. La permanente sensación de ser juzgada. Imperando la percepción de un cansancio que brota desde sus huesos. Tiene que poner la mesa para doce comensales. Darle de comer a doce. No voy a poder, piensa. Se arrepiente de haber declinado el ofrecimiento de Fernanda. Pero lo único que le falta a su hija es ponerse a atender gente con los dos chiquitos bajo el ala. Saca el mantel rojo del estante de arriba y va distribuyendo la vajilla. Sin alegría, determina. Primer año que acciona sin alegría. El 24 fue triste también. Decidió dejar de lado a su familia y fue a lo de Elena, todavía recuperándose de la cirugía. La vaciaron, piensa. Y así se siente ella, vacía a pesar de la mesa llena. Va a la cocina. Ahora sí que está listo el peceto. Por suerte ya hizo la salsa. Ojalá te fueras hoy y volvieras hace diez años77, escuchó alguna vez en el cine. Eso quisiera, evaporarse y regresar diez años atrás. Saca cuentas. Sí, en el 2000 todavía estaba Ariel. No quiero necesitarte porque no puedo tenerte78, recuerda ahora. Hace diez años aún era una mujer. Ahora solo es una máquina de sobrellevar obligaciones. Prueba la salsa. Le falta crema. Abre la heladera.
77 Frase pronunciada por Marlene Dietrich en la película “Encubridora”, 1952.
78 Frase pronunciada por Clint Eastwood en la película “Los puentes de Madison”, 1995.
Sorpresa las palabras co que terminas este capítulo "abre la heladera"....da ganas de algo más!!!
ResponderBorrarUna capa!
Quedarse con las ganas...
BorrarCuántas veces nos sentimos una máquina de sobrellevar obligaciones? Yo muchas...y eso que no tengo hijos como Claudia. También añoro volver a sentirme mujer. Que compleja la vida y el paso del tiempo. Gracias por compartir
ResponderBorrarNo dejar que la vida sea solo sobrellevar obligaciones!!!
BorrarLo de Elena me mató!!
ResponderBorrarMuy difícil acompañar la enfermedad de los amigos
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