2010
Cuando allá por noviembre propuso alquilar una quinta en enero, no cosechó entusiasmos. Cada uno con sus planes. Camila con exámenes de la maestría, Fernanda y Manuel decidieron ir a Villa Gesell, Zoe invitada por una amiga a su casa en Pinamar, Candela con nueva pareja, queriendo aprovechar la casa vacía, Sebastián, como siempre, a Punta del Este. ¿Por qué no te vas unos días a algún lado?; si alquilás una quinta vas a seguir trabajando, como siempre, necesitás desengancharte le sugirió Fernanda. Estuvo unas semanas lamentándose. Mis hijos cuando no me precisan me descartan, ninguno pensó en invitarme, etc., etc, rumiaba. Después intentó imaginarse los comentarios de Ana María. Esto pone de manifiesto que, más allá de los lazos de familia, no ha tejido otros; tiene que construir una vida propia, al margen de ellos seguramente la hubiera sermoneado. En esas estaba cuando Elena le propuso irse juntas a algún lado. Ángel no puede, o eso dice, dejar el trabajo; además últimamente está insoportable, necesito aire fresco. Su amiga consiguió a través de OBSBA una semana en un hotel de Mina Clavero con pensión completa por un precio ridículo. Ella recuerda las vacaciones pasadas en Chapalmalal, la fiesta de no tener siquiera que pensar en qué comer. Ahí está ahora preparando el bolso. Repasa la lista de los pendientes. Qué felicidad ir tachando. La comida de Mobi, listo, Gloria se ofreció a cuidarlo y a regar las plantas, le traerá alfajores; pagar la factura de la luz, listo. Y así y así. Solo le falta tildar los libros que llevará, pero Elena prometió ocuparse. Está entusiasmada como adolescente frente al viaje de egresados. Entusiasmo que ella palpitó en sus hijos porque, por supuesto, eso a ella no le tocó. Bolso preparado, se dirige a darse una ducha, pero luego se arrepiente. Se merece un buen baño de inmersión. Sonríe mientras abre la canilla.
Ha tenido infinitas conversaciones con Elena, sin embargo, recién descubre ahora, casi todas rondando lo que a ella misma le sucedía. Siempre pensó que su amiga tenía una vida sin sobresaltos: un trabajo ideal, una pareja perfecta, dos hijos maravillosos. A lo mejor le resultó útil decidirlo así quedaba todo el espacio de las charlas libre para ella. Por primera vez en su vida ha visto a su amiga llorar. La relación con Ángel está pasando un momento complicado. Los hijos de Elena, como los suyos, hacen su propia vida y no les queda mucho espacio para estar atentos a las angustias de su madre. Los nietos que no llegan. Se siente culpable. Pensaba que había sido una buena amiga y se reconoce ahora como profundamente egoísta. Cuánto más fácil es tener registro de lo que los otros nos hacen que de lo que nosotros le hacemos a los otros, piensa. No me alcanzará la vida para devolverle lo que me dio, evalúa. Quizá de alguna manera Elena fue la madre que no tuvo. La maternidad es una relación vertical. Se da de arriba para abajo, y lo que se recibió se deriva hacia los propios hijos. Todo eso piensa mientras espera que Elena regrese de la pileta. Ella prefirió quedarse en la computadora del hotel, contestando unos mails laborales. Candela, desde que está con Maxi, tiró un poco la toalla. Ana María le diría que a ella le gusta levantarla. Sentir que sigue siendo imprescindible. Es curioso, hace terapia gratis. Porque, aunque ya no vaya, en innumerables situaciones la voz de Ana María la guía. ¿Una suerte de superyo externo? Sonríe sola imaginando el comentario de su exterapeuta ante esa aseveración. Hola la sorprende la voz de Elena ¿te falta mucho?, estoy antojada de ir a tomar un helado. Ella no podría tener menos ganas, recién termina de tomar un café, sin embargo, cierra la sesión, apaga la máquina y haciendo la venia dice ¡a la orden!
En la televisión del hotel observan el desastre que dejó el terremoto en Haití. Ciento cincuenta mil muertos. La bofetada de la pobreza. Ella siente descender su estado anímico. Elena propone ir al pueblo, pero ella no puede despegarse de la pantalla. El show de la muerte. Su amiga la agarra del brazo basta, Claudia ordena ya sabés que te hace mal. Ella, obediente como una niña, se levanta. Salen al parque. Una luna completa, redonda como un plato, las recibe. Gracias dice ella. ¿Gracias por qué? pregunta Elena. Ella recuerda las palabras de Camila. Desde que te conocí, por todo. Su amiga le oprime el hombro.
Qué importante las verdaderas amigas y la reciprocidad entre ellas.
ResponderBorrar....y cuando esa amiga de hace 63 años se te está yendo desde hace cinco día tras día??? Hoy una caída, mañana una infección urinaria,pasado que la parte cognitiva está fallando, que sanatorio,que centro de rehabilitación que otra vez otro sanatorio y ahora ya una residencia para mayores. Ya no caminamos juntas mientras le hago recapacitar en su accionar diario ahora una silla de ruedas la sostiene y la lleva a los lugares que desea ir.Cinco años
ResponderBorrarEs muy duro acompañar a las amigas en esas circunstancias...
BorrarInsustituibles
ResponderBorrar¡Basta! ¡Cada capítulo me hace llorar más! ¡Qué hermosa amistad! Y cuánta verdad, darse cuenta de lo que los demás te dan 🤗
ResponderBorrarSí. A veces nos damos cuenta de que los que estamos en falta somos nosotros...
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