2004
Fines de enero. Fernanda y Manuel se fueron a pasar una semana a Mar del Plata y se llevaron a Camila. Ariel le propuso pasar unos días en algún lado, pero ella no quiso. Candela suele ir los fines de semana a la quinta de los padres de Lucas, un muchacho con el que está saliendo, con Zoe, por supuesto. Aunque la invitó un par de veces ella se negó. Elena de vacaciones, intenta sin suerte arrastrarla al cine Necesita estar sola, Mobidick por única compañía. El bichito no habla, no pregunta, se contenta con que lo alimente y con alguna caricia aleatoria. La mitad de sus empleadas está de vacaciones, el taller funcionando a media máquina, nunca mejor usada la expresión. El calor abrasa Buenos Aires. La abomba. Cerró el local por una semana. Y cuando regrese Lucy de Corrientes, el que cerrará será el outlet, Candela precisa descansar antes de que Zoe comience las clases. Por las mañanas se da una vuelta por el taller y va a hacer alguna compra. Con estas temperaturas ir al Once es una pesadilla. Pasa las tardes tirada en la cama, casi desnuda, con el ventilador. A la nochecita suele aparecer Ariel con algo para comer. Una pizza, empanadas, fiambre. Desde que se fue Camila que no cocina. Que no limpia la casa. Ariel se ocupa de lavar los platos después de cenar. Hacen el amor poco y nada. Ella no tiene ganas. Podría justificarse ante sí misma con la menopausia, sin embargo, ella sabe que la punta del ovillo es la desaparición de Sebastián. La culpa arrasó con su líbido. Cómo explicárselo a Ariel, cómo pretender que la entienda. No es desamor, nada más lejano. Recuerda los cuatro deditos de Sebi y su pulgar flexionado. Ahora también, más allá de yerno y nieta, son solo cuatro. Pero ese cuatro antes incluía a todos y hoy es cinco menos uno, y eso ella no lo puede tolerar. La última sesión Ana María, porque para colmo se tomó vacaciones, le preguntó si el alejamiento de alguna de sus hijas le produciría el mismo efecto. No supo contestar. Sebastián siempre fue diferente para ella, aseveración que no tiene que ver con la cantidad de amor. Aportó a su vida la estructura, el sentido común, la rectitud, la coherencia. De la alegría se hicieron cargo sus hermanas. Él, por momentos, casi siempre en realidad, fue un adulto a su par. La ayudó a tomar decisiones, a hacer cuentas, a realizar trámites, a cuidar a sus hermanas. Nunca supo bien lo que sentía su hijo. Quizás a ella le resultó más sencillo dar por sentado que su equilibrio, su mesura, su serenidad eran garantía de que no existían en él zonas oscuras. Impensable suponerle angustias. Él no, en alguien necesitaba descansar. Recuerda la charla en que Fernanda le echó en cara su supuesto segundo lugar. En distintos frentes Sebastián y Fernanda la sostuvieron. Él en lo formal; ella, en lo emocional. Retoma la imagen de los amores y los cajoncitos. Así como la aparición de uno nuevo no menoscababa los anteriores, tampoco servía de compensación por la pérdida de un amor inicial. Mira el reloj. Ya las siete. Haciendo un esfuerzo se levanta. La cocina ya no da para más. Barrerá y pasará un trapo y después se dará una ducha. Ariel no va a tardar mucho en llegar.
Último año de Camila. Increíble. Último año de secundario de sus hijos. La escolaridad de esta chiquilina cursó como agua de un arroyo. Sin tropiezos, cristalina, siempre para adelante. Salvo la vez que la llamaron luego del accidente de Zoe, nunca tuvo entrevistas ni con maestros ni con profesores. Jamás la vio angustiada ante un examen, ni estudiando en demasía. Como si la adquisición de conocimientos fuera algo natural en ella sin necesidad de esfuerzo alguno. Sebastián siempre se destacó en todo, más aún que Camila, a la que ser abanderada parece tenerla sin cuidado. Sin embargo, ella tiene registro de las noches sin dormir de su hijo, los fines de semana sin salir, su escritorio tapizado de papeles y libros. Camila no. Ella aprende por ciencia infusa. Sí, la facilidad de Camila es sobrenatural, como suele decir Candela. Se pregunta ahora si Leonardo será una persona muy inteligente, no tuvo oportunidad de comprobarlo. El tema es que Camila termina este año el secundario. Ayer estuvieron charlando, porque últimamente conversan bastante, sobre sus intereses. La chica le dijo que su sueño es estudiar Ingeniería Nuclear en el Instituto Balseiro. Ella se quedó pasmada. Siempre supo que su hija tenía facilidad para las exactas, como para todo, sin embargo, siendo la muchachita tan lectora, pensó que se iba a inclinar por las letras. ¿En Bariloche? preguntó eso saldrá carísimo. Camila le explicó que el instituto otorga becas con las que podría costear estudio y alojamiento. El hermano mayor de Laura está estudiando ahí, por eso me enteré dijo. ¿Por qué allí? cuestionó ella. Es el mejor lugar para estudiar lo que a mí me interesa contestó Camila, rotunda. ¿Lo hablaste con tus hermanas? Sí, me alientan, aunque no entienden nada; me gustaría charlarlo con Sebastián, pero como están las cosas… A ella se le partió el corazón. Lo tiene partido. Que Sebastián haya cortado relación con ella es doloroso, sin embargo, que en su furia haya arrastrado a sus hermanas es intolerable. No sabe qué hacer, si decirle a Camila que intente comunicarse con su hermano y arriesgarla al rechazo o tratar de interceder ella. Mientras espera que hierva el arroz toma la decisión. Lo que importa es Camila.
La injusticia de los hijos
ResponderBorrarCada cual tiene sus razones. Puntos de vista...
BorrarQue tema los hijos.
ResponderBorrarNo es fácil la relación con los hijos adultos
BorrarCon hijos sexagenarios la preocupaciones son casi las mismas crease o no...
ResponderBorrarMadre-hijos, vínculo complejo si los hay
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