viernes, 18 de octubre de 2024

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Ayer Sebi me trajo a Bautista le cuenta a Elena en la biblioteca, té mediante me preguntó si podía recibirlo todos los jueves porque Belén tiene un grupo de catequesis. Le dijiste que no, me imagino dice su amiga. Ambas ríen. Todavía no me lo puedo creer, una alegría; Zoe estaba en casa y dijo, comedida como es, “abuela, ni te sueñes librarte de mí los jueves”. Elena se levanta y regresa con dos libros.  Me acaban de llegar informa La noche del oráculo[1] para vos y el último de Harry Potter[2] para Camila. De Cami justamente te quería hablar dice ella. Y, remedándola, su amiga pide contame.

 

Fernanda y Manuel aparecen con unas pizzas. Ya le avisé a Candela dice su hija. Así son mis hijas, resuelven por la suya, piensa ella, sonriendo sola. Ariel me dijo que iba a pasar, ¿te molesta? pregunta ella. Fernanda la abraza es tu casa, mami le recuerda  por las dudas trajimos unas empanadas también. Ya todos sentados, Fernanda enarbola un sobre la primera foto de mi hijo anuncia. La ecografía va pasando de mano en mano. A ella la mortifica verla en las manos de Ariel. Cuando llega a Zoe la desilusión tiñe su carita. Yo no veo nada dice. Manuel va señalando la cabeza, los pies… La nena menea la cabeza eso no es un bebé protesta. En esas están cuando suena el timbre. Se miran con desconcierto. Camila va a abrir. Ella escucha la vocecita de Bautista, ¡mish! Vinimos a cenar a casa de unos amigos acá cerca y pasamos a saludar dice Sebastián. Silencio de misa. Sebastián y Belén entran en el comedor. Mirá a tu sobrino dice Fernanda tendiéndole a su hermano la ecografía, quizá tratando de distraer la atención. La pareja va besando a los comensales. Ariel lo presenta ella cuando llegan junto a él. Y como necesita decir algo informa un amigo. Zoe exclama ¡qué decís, abuela, si es tu novio! Los ojos de Sebastián y Belén se agigantan. Ella pesca un rápido cruce de miradas. Bueno, mejor nos vamos dice su hijo ya es tarde para el nene. Nene que hace una rabieta cuando lo apartan del gato. Candela los acompaña hasta la puerta. Ella se siente morir.

 

No durmió en toda la noche. A las ocho, con el corazón a mil, llama a su hijo. Mirá, mamá, tenés todo el derecho del mundo de formar una pareja; prefiero no hacer comentarios sobre la edad del elegido; pero lo que no te puedo perdonar es que me hayas mantenido al margen, como si yo no formara parte de la familia, ¿hasta cuándo me lo ibas a seguir ocultando? Hijo, por favor, encontrémonos y te voy a explicar. No me interesan tus explicaciones, ni la del resto de tu corte que me engañaron tanto como vos dice Sebastián en un tono que ella desconoce. Y corta. Absurdamente acude a su mente el título de un cuento no recuerda de quién. El infierno tan temido[3].

 

Se adelantó a avisarles a sus hijas que ni se les ocurriera organizar un festejo para su cumpleaños. Gran desencanto, seguramente ya tenían algo planeado. Solo accedió a que cenaran en un restaurante. Insoportable pensar que alrededor de su mesa va a faltar Sebastián. Mi único hijo varón, piensa. Mi primogénito. Ya lo habló con Ariel, no quiere que él vaya. Ya festejarán juntos otro día. Aunque siente que no tiene nada que festejar. Ana María intentó hacerla reflexionar. Tantas otras cosas en su haber. La llegada del nuevo nieto, la aproximación a Candela y Camila, la incorporación de Ariel a su familia. Nada le alcanza. Le duele la pérdida de Bautista, claro, pero la pérdida de Sebastián es absolutamente intolerable. Me arrancaron un brazo, piensa. Y luego se corrige, un riñón, un pulmón. El corazón.

 

Cuando llegan al restaurante ya están todos sentados. Zoe corre a abrazarla ¡Abuela! exclama. Ella intenta colgarse una sonrisa. Los demás no tienen la culpa. La cena transcurre en armonía. Por momentos se descubre sonriendo. Finalmente llega la torta. En eso no cumplieron. Le echa una mirada admonitoria a Fernanda que solo se encoge de hombros, sonriendo. Un 50 rodeado de velitas. ¡No te olvides de los tres deseos, abuela! dice Zoe. Ella cierra los ojos. Un único deseo triplicado. Mientras sopla piensa perdón, hijo. Una hora después camina hacia el coche, adelantada del resto. Tenía veinticinco y tengo cincuenta, piensa. Es el doble, pero soy la mitad, evalúa. No puedo vivir sin él, decide, tendré que recuperarlo. Como suele sucederle una frase acude a su mente. Pensaré en eso mañana[4]. Y a continuación otra. Después de todo, mañana será otro día[5]. Mañana.



[1] “La noche del oráculo”, Paul Auster.

[2] “Harry Potter y la Orden del Fénix”,  J.K. Rowling

[3] “El infierno tan temido”, Juan Carlos Onetti.

[4] “Iʼll think about that tomorrow”, de la película “Lo que el viento se llevó”, dirigida por Victor Fleming, pronunciada por su protagonista, Scarlett  OʼHara, interpretada por Vivien Leigh.

[5] “After all, tomorrow is another day”. Idem.

7 comentarios:

  1. En esta estoy con Sebastián, pero la comprendo a Claudia, tal vez me hubiese pasado 😃

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  2. La comprendí como nadie a Claudia, el dolor de las reuniones familiares y las ausencias, pie enojos o por malis entendidos, por no hablar a tiempo o simplemente por el egoísmo de no querer dar el brazo a torcer.

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    1. Y cada uno mirando su propio ombligo sin intentar entender a los demás

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  3. No me duele ocurrir, se me llenaron los ojos de lágrimas al leer ésta entrega

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  4. Respuestas
    1. Soy Mónica Martínez, pero salgo anónimo, no se xq

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  5. Yo clickeo más abajo, en suscribirse a comentarios de la entrada

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