Le dije a Zoe que cuando tenga dieciocho le voy a contar quién es el padre informa Candela a boca de jarro mientras comen una pizza en la esquina del outlet. Me parece bien, es lo que yo le prometí a Camila dice ella. Ya sé, me contó Zoe. Ella, y se acuerda de Ana María, repara en que Candela necesitó enterarse a través de la nena. ¿Sabés algo de Mike? le pregunta porque, aunque no se lo haya contado a Zoe, ella conoce bien quién es su padre; anotó en un papel en un sobre cerrado nombre y apellido, nunca se sabe qué puede pasar, piensa y al pensarlo recuerda los datos que también Sebastián conserva de Leonardo. Hace poco lo encontré por Internet, al menos está vivo, tiene publicados un montón de artículos, en uno figuraba su mail. ¿Nunca le escribiste? ¡No!, ¡él me apartó de su lado como a un perro!; busqué su rastro solo por Zoe; ¿vos sabés algo del padre de Cami? Tengo su mail y su compromiso de actualizarlo si lo cambiara. Es absurdo, evalúa ella, diez años Zoe y dieciséis Camila y es la primera vez que mantenemos una conversación sobre el tema. Se acerca una clienta que las saluda, borrando el tema de un plumazo. Ella mientras sirve Cocacola en ambos vasos quisiera preguntarle qué color de los vestidos nuevos sale más, sin embargo, inspira hondo e inquiere ¿te acordás de que una vez, cuando tenías la edad de Zoe, me robaste? Los colores suben a las mejillas de la chica. Sí admite mirando el mantel. ¿Para qué precisabas la plata? Candela hace un largo silencio, luego levanta la vista, la mira fijo y dice Juan me pedía plata. ¿Juan?, ¿el sobrino de Gloria?, ¿Juancito? Su hija asiente con la cabeza. ¿Para qué?, ¿por qué? Para que no te contara que él me tocaba, que él me tocaba y yo me dejaba, eso decía que te iba a contar que yo le pedía que me tocara. Ella siente que el aire la abandona. Me voy a morir, decide, esto no lo puedo soportar. Toma un vaso de agua, Cuando logra recuperar la respiración se anima a preguntar ¿y eso era cierto? Era cierto que me tocaba, no que yo le pedía. Ella recuerda que el muchacho estaba muchas veces en lo de Gloria, era su ahijado, además. ¿Desde cuándo? No sé, desde siempre, desde que era muy chiquita. Ella se agarra la cabeza con ambas manos. Candela le toca el brazo. Quedate tranquila, mamá, solo me tocaba y me obligaba a que lo tocara, nunca me violó. ¡¿Cómo voy a quedarme tranquila?!, ¿por qué nunca me contaste? Candela se encoge de hombros. Él me decía que la culpa era mía; cuando se fue a Malvinas yo rezaba para que lo mataran, pero volvió: por suerte después se fue a vivir al sur, ahí fue cuando me pidió la plata. Ella recuerda los terrores nocturnos de su hijita, los problemas en la escuela, recuerda tantas cosas. Recuerda el Escuela para padres donde ella buscaba soluciones que nunca hallaba. Recuerda también que Elena le insistía para que mandara a la nena a terapia. Se descubre la cabeza y mira a su hija. Perdón, hija mía pide. ¿Perdón por qué?, vos no tenías la culpa. Yo no me di cuenta. Siempre andabas a mil para darnos de comer. Perdón insiste vos me diste muchas señales y yo miré para el costado. Ya está dice Candela sobreviví se sirve Cocacola y agrega nunca se lo conté a nadie, ni en terapia inspira hondo y exhala con lentitud me siento más liviana. Ella quisiera decirle que el peso que se sacó de encima la está aplastando a ella, que ojalá no se lo hubiera dicho, que hubiera muerto sin saberlo, pero recuerda la frase de Ana María sobre las emociones y las acciones. Entonces toma la mano de su hija, la oprime fuerte y dice gracias por contármelo. Los ojos de la chica se llenan de lágrimas.
Pobre Candela, no la tuvo fácil nunca!
ResponderBorrarno. Quizá acá comenzaron todas las dificultades
BorrarMe encantó, que liberador cuando se logran soltar esas emociones guardadas por años, creo que es una buena señal, de madurez y aceptación.
ResponderBorrarEs preciso sacar a luz esas heridas enterradas
BorrarLa capacidad del abusador para oprimir y callar a su víctima.
ResponderBorrarAsí es. La inteligencia de hacerla sentir culpable
BorrarTanto trabajo que le dio. Pobrecita! Se lo guardó toda la vida. ¡Qué espanto para Claudia!
ResponderBorrarEs el momento donde todas las piezas cierran
BorrarTREMENDO!!!
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