No me siento así desde el accidente de
Zoe agrega ella luego de haber contado
las peripecias del posible nuevo local. ¿Qué es lo que la pone tan mal?
Ella se queda pensando un largo rato. Ana María solo la mira, sonriendo
levemente. Candela me obvió dice por fin. ¿Cómo es eso? Cuando nos
sentamos ante la mesa del café ella ya tenía todo resuelto, como si ella fuera
la jefa y yo su empleada. ¿Se lo dijo? ¡No, por supuesto que no! ¿Por qué
habría de suponerse? ¡Porque yo me daba cuenta de que estaba sintiendo mal! Ana
María se reacomoda en el sillón, cruza las piernas y se toma la rodilla
cubierta por la larga falda de bambula con ambas manos. Luego de unos instantes
dice muy interesantes sus palabras; “sintiendo mal”, como si pudiéramos
determinar si nuestros sentimientos son los apropiados se apoya en el
respaldo y agrega no somos responsables de nuestros sentimientos, sí de las
acciones que llevamos a cabo impulsados por ellos. ¿Qué quiere decirme? A usted
la atravesaron una serie de emociones que intentaremos decodificar, sin
embargo, logró actuar “correctamente” a pesar de ellas. Sí, me hubiera
levantado y salido corriendo, pero me quedé escuchándola y tratando, luego del
mal humor inicial, de poner buena cara; de hecho hoy le hice una nueva oferta a
la dueña, quedó en contestarme mañana o pasado. Me gustaría que me contara
exactamente lo que sintió la invita la mujer con su mágica sonrisa. Sentí
que me pasaba por encima levanta ambas manos como una topadora. ¿Le molesta la potencia de su hija? Ella
recibe el impacto. ¿Considera que la potencia de ella le es retirada a
usted? Ella se agarra la cabeza. Es absurdo, pero así lo percibo; como
cuando Zoe casi se muere por una distracción mía, siento que ya no sirvo para
nada, que todos se arreglarían sin mí. Es notable cuánta confusión le genera la
autonomía de sus hijos; la llegada de su nieto no la alegra tanto como quisiera
porque teme que su nuera no la deje “participar” en la crianza; Fernanda se va para
constituir su propia familia; Camila reclama información, no quiere llevar el
apellido de usted y, para colmo de males, Candela, luego de ocho años, decidió
que está en condiciones de hacerse cargo de su hija y le “roba” a su nieta; a
mí me parece que debiera sentirse orgullosa de los hijos que crió, ¿o pretendía
que dependieran toda la vida de usted? Ella se queda en silencio, le da
vergüenza enfrentar la mirada de Ana María que continúa si mal no recuerdo
la he escuchado decir que deseaba que sus hijos fueran independientes, que no
tuvieran que esperar que se murieran padres y pareja, como le sucedió a usted,
para ser libres; será maravilloso poder festejar junto a ellos su autonomía sin
necesidad de estar muerta. Y como ella sigue sin poder hablar la mujer
agrega en unas semanas su casa, que siempre fue una pajarera, albergará
solamente a Camila y a usted; a lo mejor llegó el momento de que pueda
disfrutar de la intimidad con su hija menor y, si me arriesgo aún más, de
incluir a Ariel en su vida. Ahora es Ana María quien calla entonces ella
dice soy como un camino en construcción a merced de las topadoras, primero
Candela, ahora, usted. Acaba de pronunciar la palabra clave comenta Ana
María con una amplia sonrisa "en construcción" luego se
incorpora e indica lo dejamos aquí, nos vemos la semana próxima.
Es el tercer viaje del Renault, lleno hasta el techo. El departamento
queda en Corrientes y Pueyrredón, un verdadero incordio detener el auto para
bajar las cosas. El cuartito de la terraza estaba atiborrado de todo lo que
fueron reuniendo en estos años. Ella viaja con Fernanda, y Manuel recibe las
cajas y las sube. A la tarde llegará el flete con la cama, las mesas y las
sillas que estaban en un depósito. Y el sillón para Camila. Es un golpe duro
para la chiquilina perder en pocas semanas dos hermanas, un cuñado, porque ama
a Manuel, y una sobrina. Le da una profunda tristeza pensar que serán solo dos
a la mesa. Desde que es pequeña, a pesar de ser hija única, estuvo rodeada de
gente. Salvo el primer año de casada. Aunque no eran solo dos porque cursó esos
meses con Sebi en la panza. Luego tres, cuatro, cinco. Cuando murió Alberto
retrocedió a cuatro pero Camila nuevamente los llevó a cinco. Y a seis el
advenimiento de Zoe. Más el continuo desfile de novios y amigos. Camila no es
muy amiguera. La asusta pensar que el silencio invada su casa. Suerte que la
sigue acompañando Dedal, aunque ya está viejito el pobre. ¡Mamá!, ¡te
pasaste! exclama Fernanda. Ella mira por el espejo retrovisor y frena.
Están semisentados en la cama, todavía desnudos, apoyados contra el
cabezal cuando ella informa Fernanda necesita instalar la computadora en su
nueva casa, me preguntó si conocía algún técnico. ¿Entonces? pregunta Ariel.
Entonces…solo dice ella. Él gira y la abraza.
Y van pasando los años. Es irremediable. Serán tiempos difíciles para alguien que "dirigió una batuta" toda la vida...A pesar de los aciertos y los resultados a la vista, la soledad se apodera de sus fuerzas.
ResponderBorrarSiempre es difícil dejar paso a la generación posterior
ResponderBorrarQué difícil, dejar de ser tan necesario, reconocerlo y admitirlo
ResponderBorrarMuy. es el reconocimiento de nuestra propia finitud
ResponderBorrarEs difícil estar muy sola... La comprendo mucho. Tengo tres hijas, todas independientes, a veces con mi ayudita monetaria. Sé que me aman. El teme está en resolver mi sentimiento de que vienen sólo, para que les cuide los niños... Me cuesta decir no puedo....trataré de resolverlo. Más terapia....
ResponderBorrarEs muy difícil el vínculo con los hijos adultos. Mucho más que cuando eran niños
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