miércoles, 11 de septiembre de 2024

55

 


¿Ya combinaste cuándo puedo conocer a las chicas? pregunta Ariel mientras comen unas empanadas. Mirá que sos ansioso, primero quiero resolver lo del local. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¡A lo mejor podemos reunirnos para festejar! exclama ella pellizcándole el cachete. No te hagas la graciosa dice él sonriendo a su pesar. Y luego pregunta ¿querés que te acompañe a verlo? Ella sabe que él se va a disgustar cuando diga voy con Candela, sin embargo, él comenta y sí, es lógico, trabajan juntas y luego sugiere ¿pedimos otras dos?

 

Cuando llega a la esquina de Córdoba y Serrano, Candela ya está allí. Caminan juntas unos pocos metros hasta la mercería. Ella observa la cara de decepción de su hija. La vendedora les dice que la dueña las está esperando adentro. Vaya a saber qué es adentro. Cruza una mirada con Candela. la chica eleva los hombros. Salen por donde les indica. En un pequeño patio está sentada una mujer de más de setenta años, evalúa ella. Sin pararse les cuenta que el local tiene cuatro metros por tres, un bañito y un anafe. Además, está ese patio, dos habitaciones, un baño y una cocina. ¿Les interesa verlo? Claro contesta ella, no fueron a tomar aire. La mujer se incorpora con dificultad y las guía. Está todo muy abandonado, pero el local es grande y luminoso. Cuando la mujer arriesga un importe ella replica es bastante más de lo que pensábamos. Una vez tuve unos inquilinos que subalquilaban la vivienda, yo lo permito. Eso no da mucho más que para depósito acota Candela.  Si les interesa puedo hablar con mi hermana para ver si podemos ajustar el precio. Lo pensamos y nos ponemos en contacto dice ella muchas gracias por su atención. ¿Puedo dar otro vistazo? pide Candela. Minutos después ambas se despiden de dueña y vendedora y salen. Ya en la calle ella pregunta ¿qué te pareció? ¿Vamos a tomar un café? propone Candela. Caminan por Córdoba entre mujeres con paquetes hasta que encuentran un barcito. Se sientan contra la ventana. A vos no te gustó, ¿no? pregunta Candela. Aunque habría que hacer bastantes arreglos el local no está mal, pero el alquiler es caro y lo de atrás solo serviría de depósito, de ninguna manera lo compartiría con gente extraña. Yo tengo otra idea dice Candela, los ojos brillantes como ascuas, y saca de su mochila anotador y birome y comienza a esbozar un plano, nada mal por cierto. Cuando llega el café aparta los papeles y dice hace rato que vengo pensando en irme a vivir sola, bah, sola no, con Zoe obvio; estuve mirando precios de alquileres y, aunque ajustada, con mi sueldo me alcanzaría al menos para un ambiente; yo tengo mis ahorros además para el depósito y esas cosas. Ella se queda atónita. Piensa enseguida en Ana María y en la casa endogámica. Ni se le pasó por la cabeza que Candela quisiera irse, mucho menos la posibilidad de perder a su nieta. ¿Dónde estaba ella mientras todas esas ideas pasaban por la cabeza de su hija? Mamá, ¿dónde estás? Es que me dejaste sorprendida. ¿Pensabas que toda la vida iba a vivir con mi mamá y mis hermanos?, ¡ya tengo veintiséis años! exclama la chica, regresa a sus dibujos y continúa el local ya me dijiste que te parece bien, obvio que hay que darle una lavada de cara, y modernizarlo; yo me quedaría con la parte de atrás, pagándote, obvio, ¿qué te parece?  ¿A quién tiene delante?, ¿a su eterna niña problema?, ¿a la adolescente que la volvió loca?, ¿a la muchacha que parió a los diecisiete?, ¿a la jovencita complicada con las drogas?, ¿o a una mujer bien plantada, que sabe lo que quiere? ¿Qué te parece, mamá? pregunta y luego va indicando sobre el papel mirá, la cocina es bastante grande, la medí dando pasos, da para que ponga una mesa; este cuarto sería para mí; este, que tiene más luz, para Zoe y en el patiecito la nena podrá patinar. Azorada, así está escuchando a su hija. Yo atendería el outlet y Lucy el local; podríamos tomar otra empleada que ayudara a Lucy o que me reemplace aquí cuando se me necesité en el local. Ella repara en el aquí, ya lo considera propio. Y vos, como siempre, un helicóptero que está en todos lados solucionando todos los problemas; en un par de años Camila nos puede dar una mano. Menos mal que me tuviste en cuenta dice ella de mal modo. Mamá, ¿qué te pasa? Cómo entenderse.

9 comentarios:

122

    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...