2000
Recuerda que cuando era chica se planteaba si llegaría al nuevo siglo. Claro, a los diez años tener cincuenta parecía una enormidad. Nunca hubiera podido imaginar los adelantos tecnológicos. Las chicas le insistieron tanto que terminó comprándose un celular. Nokia. Un Nokia 33. Al segundo día de comprado apareció en la boca de Dedal. Pero resistió. Nunca hubiera podido imaginar, tampoco, cuánto le iba a simplificar la vida. Claro que fue un proceso en cadena y tuvo que proveer de teléfonos al resto de la familia. Una tranquilidad poder saber dónde están todas. Después de bastante tuvo que recurrir a un crédito. Las cosas no van del todo bien. En realidad, el trabajo sobra, pero cuesta hacer frente a los gastos que no paran de subir. Ella creyó que De la Rúa arreglaría el desbarajuste que había dejado Menem. Errar es humano, reza el dicho. De mal en peor. Ahora Cavallo de nuevo. Por suerte Sebastián y Fernanda tienen trabajos estables. Candela sigue dependiendo de ella. Y sigue haciendo lo que quiere, por supuesto. Cada dos por tres Lucy queda a cargo del negocio. Afortunadamente salió buena la piba. Siempre tuve suerte con las empleadas, piensa. Ana María le diría que la suerte no existe, que ella las supo elegir. Le gustaría retomar terapia. Lo necesita. Pero no están las cosas para sumar un gasto más. Elena siempre dice que a Candela le haría falta ir a una psicóloga. Esta chica no va ni para adelante ni para atrás. Desde que anda con ese pibe más para atrás que para adelante. Lo vio solo una vez en el local. Y no le gustó nada. Para muestra basta un botón. Sonríe sola, no puede dudar de que es modista. Mal paño, agregaría. Un roto para un descosido. Sí, no va para adelante ni para atrás. Como el tránsito. Le van a cerrar. Y Rita precisa los elásticos para mañana sin falta. Un infierno de bocinas. En la primera que pueda doblará. Quizá Lavalle esté menos apelmazada. No, está aún peor. No cabe ni un alfiler. Sonríe de nuevo.
Cuando llega al taller se encuentra a Ariel esperándola. Las chicas le convidaron un café. Ella le entrega los paquetes a Rita y sale con él. ¿Qué querés comer? pregunta Ariel. Estoy solo para un sándwich. Ya sentados a la mesita contra la ventana de Los Cocos él le toma las manos. Te extrañé dice encontrarte a vos es… Como buscar una aguja en un pajar completa ella la frase y sonríe nuevamente. Lo digo en serio repite Ariel, y parece fastidiado. No me da la vida se justifica ella entre Zoe, Camila, el local y el taller los días se me resbalan entre los dedos. Desde chica descubrió que el tiempo pasa demasiado rápido. Desde que sus abuelos le regalaron un relojito para la comunión. Quedaba congelada mirando como giraban las agujas. Angustia le daba. ¿Angustia existencial? ¿Por dónde andás, Claudia? pregunta él ¿me escuchaste? Ella se queda congelada, como cuando descubría la desaparición incontrolable del tiempo. Vos siempre igual dice Ariel. Perdoname pide ella y extiende las manos. Él se las oprime fuerte. Me dejás por fuera de tu vida dice. Ella hace un gesto de desaliento. ¿Cuántas veces tendrá que explicarle que no puede presentarle a sus hijos?, ¿dos años y aún no lo entiende?, ¿cuándo comprenderá que no es falta de amor sino simple sentido común?, ¿cómo podrían sus hijos aceptar que la madre salga con un muchacho? Impensable sentarlo junto a Sebastián. Sobre todo, Sebastián. Él sí que no lo aceptaría, Belén mediante. No te dejo por fuera trata de justificarse ella las chicas del taller te conocen. Él menea la cabeza y le hace una seña al mozo. Mejor me voy, estás aquí pero no estás dice te llamo mañana. Y ella piensa que por suerte a él también le regaló un Nokia. Para el cumpleaños número veintisiete. Igual que Sebastián. Todavía debe cuatro cuotas.
De camino para su casa pasa por el local. ¿Candela? le pregunta a Lucy. En el baño. Un largo rato después aparece su hija. Hola, mamá la saluda Candela, se acerca le da un beso en la mejilla y la abraza qué suerte que viniste. Ella la mira, sorprendida del efusivo recibimiento. ¿Te preparo un café? propone su hija. Me vendría muy bien dice y piensa que la intempestiva huida de Ariel la dejó sin su habitual combustible. Mientras Candela se afana en la cocinita, raro que no lo haya delegado a Lucy, ella se dirige al baño. Cuando se va a lavar las manos descubre sobre el borde del lavatorio azul partículas de polvo blanco. Las recoge con la yema del dedo índice y huele. Nada. Acerca la punta de la lengua a su dedo. Sabe amargo. Tantas cosas pueden ser, por qué alarmarme, trata de tranquilizarse. Se enjuaga las manos y sale. Candela la espera con los pocillos servidos. Ella la mira con atención. Tiene los ojos brillantes, las pupilas muy dilatadas. El alma se le va al piso. No puede ser, piensa, cada día se abre un nuevo frente. ¿Qué más va a hacer esta chica para arruinarle la vida? Mamá, ¿adónde te fuiste?, tomá de una vez que se enfría. La tengo que encarar, piensa. Pero ahora no tiene fuerzas. Todo la excede. Apura de un trago el café se incorpora e informa me tengo que ir. Su hija la mira arqueando las cejas y elevando los hombros. Así sos vos dice te creés que estás, pero nunca estás. Ella recuerda las palabras de Ariel. Dos en un día. ¿Una llamada de atención? Me espera Rita intenta justificarse. Todos vivimos esperándote. Ella le da un beso en la mejilla y sale. Es inteligente esta chica, decide, cuando me senté la culpable era ella y me levanté siendo la culpable yo.
Uh!!, que escena, no hay peor ciego, que aquel que no quiere ver, huir y negar en principio suele ser el primer impacto.
ResponderBorrarPero Claudia arremeterá
ResponderBorrar¡No puede ser! Qué le deparará el destino...
ResponderBorrarVeremos qué pasa con Candela esta vez...
ResponderBorrarAyyy qué dura sorpresa...será???
ResponderBorrarPareciera...
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