1998
Las diez de la noche las encuentra traqueteando las Singer. ¿Comemos algo? propone. Dejame terminar los pespuntes pide Rita esta seda me está sacando canas verdes. Mientras escucha el trajín de la máquina, ella se afana en la cocinita. Trajo fiambre, pan y mayonesa. En un rato los sándwiches están preparados. ¡Listo! informa y obtiene un ya voy falso porque la Singer no se detiene. Ya sentadas Rita dice esto es volver a los viejos tiempos, ¿cuánto hacía que no éramos modistas? ¿Te parece que llegamos? pregunta ella. Ya le dije a Gladys que mañana la precisamos y podemos poner a la chica nueva a coser broches y botones. Faltan diez días y el único terminado es el vestido de Candela, quedó precioso, también con ese cuerpito todo luce. Al de Zoe solo le falta el ruedo, pero ayer se encaprichó y no se lo dejó probar. Va a parecer una princesita con esos volados. ¿La convenciste a Camila? pregunta Rita, sándwich en mano. No hay caso, tendremos que hacerle el pantalón no más, negro, encima, lo quiere; al menos renunció a los jeans. Rita ríe. Es un personaje dice lo que quiere es hacerte rabiar. Ella cabecea. No, desde chiquita detesta las polleras. ¿Terminaste el de Fer? pregunta la mujer. Casi, mañana cuando salga del instituto viene para acá para la última prueba; adelgazó y le tuve que hacer unas pinzas; entre el trabajo y el estudio se va a quedar en los huesos. Ustedes son todas delgadas, cómo las envidio. Ella repone la Coca-Cola de los vasos. Al menos nos libramos del de Belén bromea Rita. Pero a ella no le causa gracia. Ninguna gracia. Otro desprecio en la cadena de desprecios. Sebi ya alquiló el esmoquin comenta para desviar la conversación me dejó que lo acompañara; parece un actor de cine. Cuando Belén las vea a todas se va a arrepentir insiste Rita cada vestido más lindo que el otro; vos vas a estar espléndida con tu corsé. Me parece que me voy a hacer un chal de gasa. ¿Por qué?, tenés unos hombros divinos se limpia la boca con una servilleta y pregunta ¿sabés que se pondrá tu consuegra? ¡Secreto de estado! contesta ella yo, al menos, le informé a Belén el color del mío, lo único que faltaba era que coincidiéramos; la dama y la vagabunda. Más que quisiera tener tu figura vi las fotos del compromiso, vos parecés su hija. Rita levanta los platos y ofrece ¿hago un café? Dale, y después te vas, se hizo tardísimo. No, señora, si usted se queda yo también. Ríen. Mientras revuelve el azúcar ella dice gracias, Rita, no podría haber hecho todo sin vos. Te debo tantas, veinte años juntas la desestima la mujer los vi crecer a todos. Ella siente que los ojos se le llenan de lágrimas. Me duele en el alma que no vayas a la fiesta, pero ya sabés, no depende de mí. Rita le toma las manos. Gracias de corazón repite ella.
No le hizo caso a Rita ni a sus hijas y finalmente se cubrió los hombros. Quiere pasar desapercibida, por eso eligió el verde agua. Soy una invitada, piensa. Porque, salvo la ropa de los suyos, no ha participado en los preparativos de esa boda. Los padres de Belén pagaron y por ende tomaron todas las decisiones. Ella se ofreció a costear la mitad, pero no se lo permitieron. Elena y Ángel son sus únicos invitados a la fiesta. Quizá Belén temiera que Gloria o las chicas del taller le hicieran pasar un papelón. Ahí va, en ese remis con Sebastián, Candela y Zoe. Fernanda y Camila se quedaron esperando a Ángel. Ángel. Nunca nombre mejor puesto. Remis rumbo a la Basílica de Pilar, basílica que no conoce, aunque su hijo le mostró fotos. Una belleza, rodeada de parque. Ella se casó en Nuestra Señora del Valle, una parroquia chiquita, modesta. Lo que me correspondía, piensa, lo que me corresponde. Ahí va. Sebastián adelante. Ella con las chicas atrás. ¿Medida de la distancia? Por la ventanilla las luces de la noche de Buenos Aires le entibian el alma. Lo precisa. Debiera estar contenta, piensa. Pero no lo logra. Debiera estar orgullosa. Su hijo ingeniero casándose con una chica de excelente familia. Típico caso argentino de ascenso social. Ella trabajó mucho para que sus hijos pudieran estudiar. Dejé los riñones sobre la máquina, piensa. Aunque tiene que reconocer que las épocas del trabajo duro pasaron. Ahora gerencio, se ríe de sí misma. El auto se detiene. La magnífica iglesia frente a ella. Sebastián baja y abre la puerta de atrás. Ella levanta la vista y lo ve como si no lo hubiera visto. Los ojos brillantes, la sonrisa franca. El chico le tiende la mano para ayudarla a bajar. Estás preciosa, ma le dice, muy serio. Ella siente que algo se desanuda en su interior y sonríe por primera vez en el día. No lo perdió, todavía no lo perdió. Sigue siendo su muchacho.
¡Que emoción!
ResponderBorrarPrimer casamiento!
BorrarMuy emotivo el momento, luchadora incansable, solo le falta la confianza de comprender que ella está a la altura o más arriba aún, de cualquier situación o circunstancia.
ResponderBorrarBelén es la única que la hace sentir inferior
BorrarMe hizo acordar a mí casamiento, mí suegra se vistió de negro, estaba de luto, le robaban al nene! Jajaja
ResponderBorrarEsta al menos está de verde agua!
ResponderBorrar