Deja a Camila en el colegio y, de regreso, se detiene en la panadería. Le llevará algo rico a Candela. La encuentra acomodando las estanterías, Zoe durmiendo en su canasto. Está todo mezclado se queja la chica. Alegría en su carita cuando abre el paquete. ¡Me trajiste tortitas negras, mamá!, ¡hace un siglo que no como! Parece una nena, piensa ella. Pero la nena no es tan nena. Estuve pensando que deberíamos incorporar accesorios dice la gente no deja de pedirme vinchas, medias; sería bueno que pudieran comprar todo en el mismo lugar; las vinchas las pueden hacer en el taller y las medias las compramos; a lo mejor hasta podemos tener mochilas. La chica está entusiasmada. Y no es mala idea. Es buena. Muy buena. ¿Qué te parece si mañana vamos a Once y compramos unas medias? propone ella con probar… La cara de Candela resplandece, pero al instante se opaca ¿y Zoe? pregunta. ¡Viene con nosotras!, ¡hay que entrenarla de chiquita! Ambas ríen.
Durmió mal. Cuando abre los ojos son las ocho. Se levanta apurada y se dirige a la cocina. Candela, con la beba en brazos, está desayunando. ¿Los chicos? pregunta ella. Ya se fueron, Fernanda tenía prueba en la primera hora. Sí, ya sé, de historia contesta ella contrariada porque no pudo desearle suerte. Feliz cumple, mamá le desea su hija cuando al fin se sienta. Muchas gracias contesta ella. Al menos se acordó, los otros no le dejaron ni una línea. Despierto a Camila y te acerco al local, andá preparando a la nena. Cuando, quince minutos después, Candela se baja del auto le pregunta ¿cenamos esta noche? Ella la mira sorprendida. Como si alguna vez dejáramos de cenar... Está molesta. Ella vive celebrándolos a todos, pero si no se hace su propia torta se queda sin velitas. Lo que nunca, le cuesta estacionar. Su malhumor creciendo. Cuando llega al taller ya están todas trabajando. Buenos días dice. Le llegan varios buenos días provenientes de cabezas que no se elevan de sus máquinas. Suele comprar algo para festejar los diversos cumpleaños, porque ella se acuerda del de todas, pero se le fueron las ganas. Rita se le acerca. Le da un beso y le dice nos quedamos sin cierres azules de quince centímetros y mañana a primera hora vienen a buscar el pedido de Tierra Santa. Siempre a último momento. Deja la cafetera que se disponía a llenar y busca las llaves del auto. Mal día, piensa.
Después de una jornada de llevar y traer hijas, nieta y mercadería, se dirige a su casa cerca de las ocho. Deja el auto y en la rotisería de la esquina compra un pollo. No tiene fuerzas para cocinar. Ni ganas.
Mientras pone la llave en la cerradura escucha las patas de Dedal acercándose. Al girarla, comienza los ladridos. Como todos los días. El sí que la espera. Callate le ordena. El perro gime. La puerta se abre y un estruendo hace que, involuntariamente, retroceda. ¡¡Feliz cumpleaños!! Un enorme cartel con un 40 colgando en el centro el patio. Banderines, globos. Aún con el pollo entre las manos recibe los saludos. Abrazos, besos. Gritos, ladridos. Sus cuatro hijos, Zoe, Elena y Ángel con sus hijos, Gloria y el marido, todas sus empleadas. Dedal. Todos sus amores. Tenía veinticinco y tengo cuarenta, piensa. Después de todo, vivir valió la pena.
Qué hermosos momentos! Qué lindo que no esperes nada y te sorprendan con algo más!da fuerza, impulsa! Gracias!
ResponderBorrarMerecía y necesitaba un reconocimiento
BorrarSiempre vivir vale la pena 😍
ResponderBorrarHay veces que parece que no. Pero sí
BorrarMe emocioné! 🥲
ResponderBorrarMe alegra, Ale
Borrar¡¡¡Hermoso cumple y recibimiento!!!
ResponderBorrarNecesitaba un reconocimiento a tanto esfuerzo por todos!
BorrarMuchas veces pensamos que no somos lo suficientemente reconocidos, pero creo en realidad, no es más que el temor de que así sea.
ResponderBorrar¡Qué alegría!
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