miércoles, 5 de junio de 2024

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1986

Primera reunión de padres. De madres, en realidad, piensa ella. Solo conoce a dos, los pibes hicieron la primaria con Sebastián. Los distintos profesores van llamando a los padres de los chicos que tienen dificultades. A ella nadie la llama. Es absurdo, pero se siente por fuera. Nadie le dirige la palabra. Ella, entonces, se dedica a observar. Un amplio espectro de mujeres. Al Moreno van desde el hijo del médico hasta el hijo de su empleada doméstica ya le había anticipado Elena. Aunque la mayor parte parece de clase media. Solo una mujer se ve muy humilde y a ella sí que todos la convocan. Le da pena. Seguro que casi todas hicieron la secundaria. Van a poder ayudar a sus hijos. El otro día, lo que nunca, Sebi luchaba con la tarea de matemática. Ecuaciones. Ella no había visto el tema en su primario, eran otros programas, pero se sentó con él y juntos pudieron resolver todos los ejercicios. Tendrías que seguir estudiando, ma propuso Sebastián sos rápida para los números. Ella, por supuesto, desestimó la idea. Sin embargo, se quedó pensando. Ahora también está pensando. Demasiado piensa. Finalmente la preceptora se acerca. Perdón, señora de Gómez, la dejé esperando se disculpa mientras le entrega una cartulina celeste. Dos diez (uno en matemática), varios nueves, un par de ochos y solo un siete. Lujo de boletín, piensa ella y los ojos se le llenan de lágrimas. Sebi no se merece esta madre. ¿Qué pasaría si sus compañeros se enteraran?, ¿si las mamás de sus compañeros se enteraran? No puede seguir así. Hasta acá llegue, se dice. Soy lo que soy, a nadie hago mal es una reverenda mentira. Guarda con cuidado el boletín en su cartera, se para y sale. No quiero fingir, no voy a mentir. Vive mintiendo.

 

Va caminando por Rivadavia. En la esquina duda. Pero finalmente cruza. Leonardo está atendiendo a una cliente. Le hace un gesto con la mano y ella aguarda. Aguarda mientras camina entre las máquinas. Ese olor la embriaga. Minutos después el hombre sale. ¿Qué hacés por acá? le pregunta y agrega por suerte no están los empleados. A ella se le anuda el estómago, pero lo mira de frente y dice, muy seria, necesito que hablemos. ¿Pasó algo? pregunta él cambiando el tono. ¿Cuándo podés? desestima ella la pregunta. Me doy una vuelta por el taller cerca de las siete contesta él mientras entra una mujer. Hola, doña Rosa, ¿qué anda buscando? Ella sale.

 

¿El pespunte va en azul o en blanco? pregunta Rita. Ella, que está haciendo la toile[1] para el vestido de quince de la hija de Luque, contesta blanco e interrumpe su labor. Tiene un impulso. Mira el reloj. Dobla con cuidado el lienzo, agarra su cartera y solo dice Rita, vuelvo en un rato porque odia dar cuenta de sus actos. La chica la mira, parece sorprendida. Cuando termines con los pespuntes hace el dobladillo del vestido gris, ojo que esa seda es superdelicada, no quiero que se vea ni una puntada, usá la aguja más fina que encuentres. Le avisa por teléfono a Gloria y sale. Mira nuevamente el reloj: tendrá que apurarse. Corretea la última cuadra. Desde la esquina escucha el timbre. Cuando llega ya están empezando a salir. Se para frente a la puerta y distingue a Fernanda parloteando con una compañera mientras avanza. ¡Mami! grita cuando la ve y se acerca corriendo a abrazarla. Instantes después divisa a Candela. ¿Qué pasó? pregunta la chiquilina, la carita preocupada. Las vengo a invitar a almorzar afuera dice ella. Fernanda grita de alegría. ¿Pasó algo? insiste Candela. No solo los adultos esperan lo peor, piensa ella mientras menea la cabeza y le acaricia el cabello.

 

Mientras comen una pizza Claudia observa a sus hijas. Están grandes. Están lindas, piensa, y no es porque yo sea la madre. Alberto era muy buen mozo. Sebi es el calco. Qué orgulloso estaría si pudiera ver a sus hijos. Los ojos se le empañan. Mamá, ¿qué te pasa? pregunta Candela. Tengo la vista irritada. ¡De tanto coser! dice Fernanda con la boca llena. ¿Por qué viniste? insiste Candela. Tenía ganas de verlas. ¡Yo siempre tengo ganas de verte! exclama la chiquita. Ella busca un pañuelo en la cartera. A lo mejor es alergia dice Candela sirviéndose coca cola.

 

Vayan yendo no más dice cuando se acercan las seis terminan mañana, hoy le dieron duro. Rita no termina de irse. Da vueltas y vueltas. Finalmente dice Claudia, ¿habría posibilidad de algún aumentito?, me subieron el alquiler. Lo que le faltaba. Mañana lo charlamos, vení un rato antes. La chica la besa y sale. Minutos después ella baja la cortina metálica. Hoy le da más trabajo que de costumbre. Está demasiado alterada para ordenar. Se sienta y cierra los ojos hasta que unos golpes en la persiana la sobresaltan. Se apresura a abrir. Hola la saluda Leonardo y cuando ella nuevamente cierra la puerta la abraza. Te extrañé dice mientras busca su boca. A ella miríadas de insectos le recorren la piel. Empezamos mal, se dice. Se aparta y ofrece ¿querés un café? Él parece desconcertado. Bueno acepta. Mientras hierve el agua él revisa una máquina. Está impecable dice al cabo. Ella aparta unos moldes y pone las dos tazas sobre la mesa de corte. Yo no puedo seguir así dice sin preámbulos. Él la mira. Me cansé de los misterios, de actuar como si fuera una criminal, ya no tengo cara para mirar a mis hijos, para mirarme a mí misma en el espejo. ¿Entonces? pregunta él. Entonces tendrás que elegir, ya se acabaron todos los plazos que eternamente vas renovando. Leonardo apoya los codos sobre la mesa y se toma la cabeza. Después de unos segundos se endereza. Hablaré con Sonia dice estoy decidido. ¿Cuándo? pregunta ella, incrédula. Dame tiempo hasta el lunes. De acuerdo, pero ni un día más. Toman el café en silencio. Me voy dice él. Ambos se incorporan. Ella lo acompaña hasta la puerta. Él la besa suavemente en los labios. Te quiero afirma. Y sale.



[1] Boceto en tela crudo, sobre la que se plasma el patrón inicial y con él se realizan las primeras pruebas.

4 comentarios:

  1. Parece que se aproxima una decisión... Muy buena entrega.

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  2. Me encanta cuando entra y el olor a las máquinas la embriaga. ¡Lo sentí yo misma! Excelente

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    1. Sí, el olor de las máqinas de coser. Del aceite para lubricarlas.

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