1978
Tengo veinticinco años, dice la mujer. Parece recordárselo a sí misma porque la criatura que se resiste enérgicamente al cambio de pañales es su única oyente y una beba no puede comprender lo mensurable del tiempo. ¿Veinticinco años son pocos o son muchos?, ¿con qué intención enunció su edad la mujer?
A través de la puerta abierta llegan las voces de dos niños pequeños. Pelean. Gritan. La mujer cierra los ojos. Aprieta los párpados. La beba, sobre la colcha descolorida, además de retorcerse ahora llora. La mujer se muerde los labios.
Tengo veinticinco años, repite entre dientes. Quizá considera que son pocos para sobrellevar tantas responsabilidades.
Los gritos de los chicos arrecian. Se escuchan ruidos. Objetos golpeándose.
Entonces suena el teléfono en la cocina.
La mujer carga a la beba a medio vestir, sale del dormitorio y acude a atender. Levanta el tubo negro.
Su vida está a punto de cambiar, pero ella aún no lo sabe.
La mujer se llama Claudia.
Cabello y ojos oscuros, baja, delgada, muy menuda.
Tiene veinticinco años.
Suena el teléfono, dijimos. La mujer con su hijita en brazos se acerca a atender. Al escuchar las primeras palabras se apoya en la pared. Luego se va deslizando hasta quedar en cuclillas. La beba se desprende de sus brazos y se aleja gateando hacia sus hermanos que ya no gritan. ¿Adónde está? pregunta la mujer. Se queda unos minutos sentada en el piso con el tubo sobre la falda. Luego se incorpora y corta. Se escuchan las carcajadas cercanas de los tres chicos.
La mujer le pide al niño mayor, todavía ni cambió los dientes, Sebastián se llama, que cuide a las hermanitas. Atraviesa el patio, abre la puerta de calle y toca el timbre del departamento de al lado. Es un ph. Ella habita en el tercero desde la calle. Habla con su vecina y se aleja. Instantes después regresa con sus tres hijos. Los deja allí. La beba intenta liberarse de los brazos de la vecina y grita mamá. Es la primera vez que lo hace, pero la mujer no parece registrarlo, ni alegrarse en consecuencia. Los otros dos niños la miran alejarse en silencio, muy serios. Ella no les explica nada.
Recién ahora podemos asomarnos a sus emociones. La mujer está aterrada.
Busca en un cajón los documentos y saca dinero de una lata de galletitas que hay en la alacena de fórmica naranja. Mete todo en la cartera y sale. Corre por el largo pasillo, flanqueado por macetas con malvones, hasta la vereda. Luego corre por Mario Bravo sorteando los peatones hasta llegar a Córdoba. Cruza la avenida y aguarda. Un buen rato después se aproxima un taxi con la banderita roja alzada. Ella lo detiene. Al Hospital Rivadavia indica. No hay fuerza alrededor/no hay pociones para el amor/ ¿dónde estás?, ¿dónde voy?[1] suena en la radio. La mujer se apoya en el respaldo. Recién ahora podemos asomarnos a su mente. Piensa que el dónde voy depende del dónde está que fue lo único que preguntó. Piensa después que piensa tonterías porque no quiere pensar. La radio insiste ¿dónde estás?, ¿dónde voy? Más rápido, por favor le indica al conductor. Nena, nadie te va a hacer mal sigue cantando Lebón. Ella no lo reconoce
La mujer entra a la guardia. Los argentinos somos derechos y humanos dice un cartel enorme en la pared. Mientras se acerca a la ventanilla de informes recuerda cuando lo trajo a Sebastián con el bracito fracturado. También había mucha gente. A la gente siempre le pasan cosas, piensa. ¿Alberto Gómez? pregunta. El hombre revisa una lista. Levanta la vista de los papeles y recién entonces la mira. Espere un segundo, por favor dice. A la mujer, Claudia se llama, la asusta ese por favor. En las guardias no suelen ser amables. Siéntese, por favor le indica ahora. Ella se deja caer en el banco de madera. Se recuesta sobre la pared. Cierra los ojos. Nena, nadie te va a hacer mal, se repite, aunque teme que no sea cierto.
Comienzo interesante. Iniciaremos otra vez la lectura de una novela de Yima Santa Cruz con sumo interés. Me gusta el título y también que haya posibilidad de escucharlo.
ResponderBorrarGracias, Diana, por ser lectora fiel.
BorrarYima interesante comienzo, hace volar mi imaginación , pero también me trae recuerdos de situaciones vividas en parecidas circunstancias, espero con ansias seguir la trama, seguramente cada vez más apacinante.
ResponderBorrarGracias, Lili. espero no decepcionarte.
BorrarHasta aquí más que atrapaste. Me dejó sobre ascuas!!
ResponderBorrarSara Vallejo
ResponderBorrarLindo, Pichona, tenerte aquí
BorrarHasta aquí...atrapada!!
ResponderBorrarNo sé quuién sos, pero muchas gracias por tu comentario.
BorrarQué intriga!
ResponderBorrarTendrás que seguir leyendo, Ale. Un beso
ResponderBorrarPuedo visualizar y sumergirme una vez más en las novelas de la genia de Yima y eserar con ansias la próxima entrega! Muchas gracias
ResponderBorrarGracias mil, Silvana
BorrarAtrapante.Mi mente voló al 78. Ya voy por la próxima
ResponderBorrarcomienzo a tope la mujer! a ver...
ResponderBorrarY sí, le pasó algo muy duro. Se repondrá?
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